Hay días por ejemplo, en el que ya no me alcanza ponerme tu
ropa de pies a cabeza, ni aún poniéndole tu perfume que tan resguardado está en
el fondo del armario… Miro tus centros de mesa y te imagino armándolos… el corazón me hace piquete y yo no tengo como
calmarlo, y me pregunto hasta que punto puede pesar una promesa cuando se dice
en caliente… enojados.. lastimados… y es que ya no me alcanza tu campera abrazándome..
Hay días en donde el sol se vuelve tan brillante, que es
imposible no andar con los ojos cerrados, pero al hacerlo te voy imaginando
como si estuvieses a mi lado, y de a ratos me descuido y digo en voz alta
alguna parte de la conversación que me imagino tener con vos, cualquier día
bajo el sol, y me miro con la delicadeza que te rozan mis manos…
Hay días en los que todos dicen tu nombre, como castigo del
universo, que con cada letra de tu nombre siento cuchillos en el estomago…
porque todavía me duele tu nombre, tanto como me dueles en todo el cuerpo..
También hay días en donde la revolución diaria explota, y la
gente se alborota, las bocinas suenan en
cada esquina, los vientos corren más rápido que las ganas, y yo me quedo de pie
un instante para frenarme y pensar todo lo que daría porque mañana estuvieses
de mi mano… que podamos mirar el futuro con la misma esperanza que me lleva a
esa sala…
Hay días especiales, los cuales solo se pueden transitar con
tu ropa puesta… por eso mañana voy a usar tu pantalón, para que me imagine que
me acompañas de la mano, y días que con eso no me alcanza, como hoy…que renunciaría
a cualquier reencarnación con tal de vivir esta vida con vos…

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